tan dulce me sonreía que no quería despertarme.
¿Por qué llegar puntual a los lugares? ¿Por qué la prisa? ¿Por qué andar correteando a la eficacia? ¿Por qué negarse a las conversaciones largas, al simple dejar pasar el tiempo sobre nuestro cuerpo y nuestros deseos?
Es el reflejo de una duda, y la duda es el alimento de la vida; si no se duda no se crea; de la arrogancia no salen chispas sino piedras, rendodas, rotundas.
