Quiero…

October 3rd, 2009 @ Antonio Trejo

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¿Qué hacer? ¿Qué decir? ¿Cómo pensar? ¿Hacía dónde mirar?

Preguntas como estas y otras más que no las formulo al inicio pero que rondan, van y vienen, dentro de mi cabeza. Éstas son las que me poseen en el trance, me empujan al vacío. Un momento pude quedar mirando al infinito, sin mirar nada, sólo la mente pudo comprender por qué, yo no.

Caminé un momento y pude generar una sensibilidad hacía el aire que me rodeaba en el momento, sentir ese piso duro y rasposo, oler el humo de la calle, escuchar hasta el más mínimo detalle. No se puede describir tanta sensibilidad, es complicado por ahora decirles cómo ese setinimiento que está permite llenar ese espacio.

Huir, es lo que ronda. Dejar de lado todo, puede ser otra alternativa. Aunque el otro yo, el yo positivo e impositivo es el que dice que no, que hay que seguir, luchar. Pero, ¿cómo se puede luchar cuando en tan sólo un instante te das cuenta que no has podido acabar con algo que llevas tan marcado? Difícil, ¿no? Talvez algunos digan que esto es como hundirse en el inmenso mar; para otros puede significar una oportunidad de crecimiento; para mi, es un mar lleno de preguntas.

A veces quiero jugar a que no pasa nada, no pienso nada, nada recuerdo, nada temo y todo me da risa. Quiero jugar a que el tiempo no se ha ido como arena, a que voy al colegio, ando descalzo, no son mentira las tardes en el río. Jugar a que no sé sino este canto, este lamento, esta gana de ser lo que sí soy.

Quiero jugar a que aprendí a cocinar, a que sé cómo se toca una sonata de Beethoven, cómo se escucha a Mozart, cómo se teme al mar, cómo se tatúa el viento, el sembradío de gladiolas, las noches junto al lago, el fuego en esa hoguera que prendimos cuando aún no hacía frío.

Quiero jugar a que no es mi cumpleaños, a que fue mi cumpleaños, a que mi madre me regaló un pantalón gris que que desgarre cuando jugué fútbol.

Quiero jugar a que íbamos donde vendían las luces de bengala, jugar a que un globo de papel prendía por fin su luz llena abejas, y se iba para el cielo sin voltear hacia atrás.

Quiero jugar a que un día no sabré mi nombre. Ni el de mis más queridos. Quiero, como a ninguno, temerle a semejante juego. No quiero jugar al olvido, a ese le tengo miedo. Quiero olvidar así, para no recordar lo que no quiero.

Quiero jugar a que está mi padre y anda conmigo y mi hermano esperando que su novia traiga la sopa. Jugar a que no fue a la guerra, como sí fue Mambrú, el héroe con que dormí a mis hijas tantas noches. Quiero cantar: no sé cuándo vendrá. Quiero jugar al cine, a los seis años, a que forro los libros en quinto de primaria. Y quiero desnudarme y ser fuerte. Que me manden las cartas de los años noventas, la música y el alma de aquel músico.

Quiero jugar a que me arrastra el viento, me hunden las olas, me recobra un pez. Quiero dulce de coco y un volcán y tres noches, como tres carabelas. Quiero que vuelva el sueño en que soñó Andrea y Brisa que yo era azul marino. Quiero jugar a que si está nublado nos quedamos en cama viendo la tele, a que esa diosa se pone los anteojos en para mirarnos desde allá, mirándola desde aquí.

Quiero jugar a que me quiso quien no me supo y saber que me quiere quien me sabe.

Quiero jugar a que no existe el mes, ni estoy para escribir nada cuando sólo quiero escribir: no sé, no entiendo.

Quiero jugar a que el mundo tiene alas, resuelve crucigramas, bendice los enigmas de quienes se preguntan qué hacer con sus finanzas y sus penas.

Quiero jugar a que sabía de rimas y poesía lo que sabe quien escribe sin firma en la página que antecede mi página. Quiero que un novelista me recuerde y que no haya en el mundo ni en mi patria, menos aquí en mi patria que en ninguna, un solo hombre capaz de concederle su elección a una dama. Y no quiero jugar a que no me da pena que existan estas hembras y estos hombres. Quiero, sí, irme de compras a la luna y encontrarme una tienda en la que vendan voluntad, síntesis, concentración, premura, certidumbres. Todo lo que no tengo para jugar a eso que juegan esos que sí tienen todo eso.

Quiero quedarme quieto, con el aliento en vilo, bajo la sombra de quienes me abrazan. Quiero jugar a que no es agosto, a que vivo, sin arrepentimiento y sin angustia. Como viven el sol y los cometas, como duermen los animales y las plantas, la espada de Damocles y los años que sigan a estos años.

Quiero seguir pensándola y jamás dejar de hacerlo, aún después de no estar aquí. Sólo quiero.

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