No es complicado explicarnos la ausencia de entendimiento.
Complejo es aceptar lo que se entiende. Hay varios argumentos a manera de resistencia a los que apelamos la mayoría de las ocasiones, para no entender lo que nos acontece en los diferentes ámbitos de la vida.
Hoy inicio egocéntricamente desde mí. Hace una semana estaba seguro de entender lo que sucedía entre tu universo y el mío, e incluso, llegué a estar de acuerdo con la situación gracias a mi práctica cotidiana de paciencia, comprensión y prudencia; el panorama hasta me llegó a parecer normal y entendía que exclusivamente por azares caprichosos del destino, volveríamos a estar como la primera vez, en el mismo tiempo y espacio solos y solo para nosotros.
Pero la esperanza, esa que llega y se presenta como sentimiento chocantemente positivo, vino a jugar con mi tiempo a manera de muerte lenta y comencé a invadirme de ella por algunas horas.
Fue una esperanza diría yo muy fugaz: sabía bien que no llegaría ese momento deseado de topar miradas y acercar átomos, pero no me daba la gana entenderlo. Y sucedió.
Después de tres intentos –uno presencial y dos virtuales– las miradas no se toparon, los átomos se quedaron brincando, pero los tuyos allá contigo y los míos acá bajo mi piel. Así fue que tan claro como lo negro, entendí que no quieres venir a mí, que no sabes cómo llegar o muy probablemente, ni siquiera entiendes todavía que quiero que vengas.
Ni con manzanas ni palitos fue posible un entendimiento, mientras… el corazón ya se nubló.



September 12th, 2009 @ Antonio Trejo
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